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21 feb. 2016

La evolución del negocio sexual y la televisión

Por Johnny Arrendel
Los congéneres que han sido “cuereros”, es decir, que en décadas pasadas, cuando las actividades
sexuales eran más restringidas, visitaban centros de prostitución, muchas veces que reflexionaron sobre lo mismo.

Se trata de que observaban que muchas chicas que operaban donde Pablito, Nancy, El Coco, El Borinquen de la Tía Herminia, El Conquistador, El Polín, El Almendro, Aguafría, la Casa Teresa o Rosada, entre otros lupanares, eran mujeres realmente bellas.

Ciento por ciento, seguro que parroquianos que incursionaban en esos  ambientes, pero que propiamente no pertenecían al lúmpen proletariado habitué, sino que cumplían roles de cierto peso en la sociedad, coincidían en sus inquietudes sobre esas muchachas.

¿Qué pensaban? Muy simple, observaban que con semejantes físicos, esas jóvenes, captadas por los tratantes de blancas desde pueblos de la sierra cibaeña, de la Línea Noroeste o del Sur Profundo, muy bien podían insertarse en las relaciones de producción formales aún fuese como secretarias o recepcionistas.

Sin embargo, las cosas no eran tan simples. Aunque hermosas, esas mujeres, que constituían la materia prima de cabarets, casas de cita, y de bares y burdeles de cierta categoría, eran en realidad unas olvidadas de la fortuna.

En efecto, el nivel educativo de las prostitutas más hermosas de la capital, en los dorados años 70, 80 y la mayor parte de los 90, no rebasaba en sentido general lo elemental, ya que apenas leían y escribían, cuando mucho.

No tenían posibilidades de manejarse con soltura en otros ambientes, y se hizo proverbial que cuando se les invitaba a un restaurante lo único que solían pedir era un chicharrón de pollo con tostones.

Provenían de familias totalmente depauperadas en los campos más lejanos y atrasados, cuyos padres casi no tenían ningún medio de salir adelante, y esos les colocaba como presas de los desalmados traficantes de mujeres, quienes ofreciéndoles una improbable mejor vida, lograban trasladarlas para explotarlas.

Las que saltaban a un antro desde la misma capital, provenían de hogares disfuncionales, ubicados en sectores paupérrimos, y arrastraban historias de maltratos intrafamiliar a ellas, sus madres y hermanos, incluso con ultrajes sexuales, y muchas veces consumo de drogas.

Pero he aquí que las costumbres sexuales en este país, la mentalidad de la gente respecto al erotismo, comenzaron a evolucionar de manera radical a partir de mediados de los años 90.

La virginidad de las jóvenes en edad de merecer, como requisito del matrimonio, era un concepto ya en crisis y se convirtió definitivamente en mito.
El sexo oral y el anal, que eran tabúes, fueron asimilados de manera plena por esa época, sobre todo por los jóvenes, mientras que modalidades innovadoras de comercio sexual se abrían paso.

Como símbolo de inserción social y transferencia tecnológica, se popularizó el uso de los localizadores electrónicos, o beepers, que antes utilizaban profesionales y técnicos de alto estándar, como los médicos.

Alguien decidió aprovechar las facilidades de contacto que daba el localizador, que ya para entonces había reducido su tamaño y se presentaba en coquetos modelos de colores, para fomentar la prostitución por esa vía.

Nacieron “las chicas beepers”, con la particularidad de que mediante esta modalidad, el staff de trabajadoras sexuales ofertadas correspondía a jóvenes de un estatus social y académico muy elevado, con relación a sus colegas del cabaret o casas de cita.

Pero era que así, muchachas de buen ver y atrapadas por el consumismo, podían conseguir miles de pesos con el mínimo esfuerzo y sin tener que ofrecerse directamente en un sitio.

Concomitantemente, en Gazcue nació un nuevo tipo de negocio de alterne y relaciones sexuales por paga: Los centros de masajes, que ofertaban como masajistas sobre todo a estudiantes universitarias.

En sus primeros tiempos, estos centros realmente ofrecían una gama de servicios que incluían masajes, e iban desde el relajante, al sencillo con final feliz, hasta culminaban con el completo o full.

Empero, al masificarse por casi toda la ciudad y el Gran Santo Domingo, Santiago y otras ciudades, de dar masajes, los centros solo conservan el nombre, y quien acude allí se va directo al bollo.

La evolución ha seguido, la liberalización implica que actualmente es anacrónico que cuando un muchacho llega a cierta  edad, su padre o un tío lo lleven a un burdel a “estrenarse”.

Los adolescentes ya no necesitan tampoco acosar a las domesticas para iniciarse.

Igualmente, la masificación conllevó que los centros dizque de masajes ya no necesariamente operan con estudiantes y chicas jóvenes, sino con las que estén disponibles.

Como ha expuesto Joseph Cáceres, en su tiempo, se hizo costumbre que las cotizadas chicas beepers dieran bureos por los bares de moda del polígono central, por lo tanto, se facilitaba que alternaran con figuras de los medios de comunicación.

Parece ser, que algunos comunicadores y productores de televisión sirvieron de trampolín para que varias de estas chicas penetraran a los medios, más o menos a partir de los 2000.
Otros gestores inescrupulosos, podría pensarse, vieron ahí una oportunidad de obtener beneficios colaterales.

El caso es que desde entonces se esparció la idea de que muchas de las mujeres que participaban como azafatas, bailarinas e incluso presentadoras de televisión, se prostituyen.

Las denuncias en tal sentido, van y viene, incluso de determinadas exponentes interesadas en dejar en claro que ellas no son de esas que con tal de obtener benéficos colaterales entregan su cuerpo al mejor postor.

Y es que se tiene la idea que muchos hombres con poder económico, social y político, acogen como un plus que la mujer con la que eventualmente comparten las sabanas pertenece a la televisión, y en esa virtud acceden a entregar cualquier cantidad de recursos.


La sociedad dominicana observa que los cronistas de espectáculos han tomado la directriz de no premiar las manifestaciones artísticas que promuevan los antivalores, como la violencia y drogadicción.

Prevalece la inquietud, entonces, de si comunicadoras que el ejemplo que ofrecen a las generaciones que les siguen consiste en la búsqueda de bienestar  y lujos a través de vender sus favores, pueden ser galardonadas.

No me consta para nada, que las actuales nominaciones de ACROARTE para El Soberano incluyan este tipo de casos, pero sería prudente dejar en claro que si además de la vulgaridad de determinados urbanos, bachateros y merengueros, se penalizan otras inconductas.

Tampoco se conoce si la entidad ha fijado posición en torno a que si figuras vinculadas al comercio de la carne tienen la posibilidad de participar como talentos en el acto de premiación, e incluso podrían ser presentadores o presentadoras.

No olvidemos que casi todas las figuras vinculadas al negocio sucio en la tele, ya sea como sexoservidoras o como proxenetas, han sido señalados, pero sobre todo, que ellos mismos han revelado sus peripecias casi con detalles.

Solo hay que revisar los archivos de prensa en las hemerotecas o en la web.

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