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30 abr. 2016

Ecuador emprende reconstrucción tras sismo

El presidente de Bolivia, Evo Morales (d), y su homólogo de Ecuador, Rafael Correa (i), visitan la zona de desastre.
QUITO. Eran casas, centros comerciales y hoteles. Hoy apenas son escombros entre los que Ecuador
escarba para buscar lecciones de construcción edilicia tras el potente sismo que mató más de 650 personas y dejó millonarias pérdidas en apacibles centros turísticos del país.
La mirada se dirige hacia el amasijo de hierro y cemento que quedó tras el terremoto de 7,8 grados que devastó la costa ecuatoriana el 16 de abril, que dejó entre 25.000 y 29.000 damnificados, para determinar qué causó el colapso de las edificaciones.
“Hay estructuras que se desplomaron o se destruyeron, colapsaron, y otras que no. Esto en condiciones similares (del tipo de suelo y distancia del epicentro) solo puede entenderse desde el punto de vista de la calidad de la construcción”, dijo a la AFP Hugo Yepes, experto en sismología del Instituto Geofísico (IG).
Yepes agregó que en un estudio preliminar han notado “errores de todo tipo. Hay errores relacionados con la estructuración misma de las viviendas o del edificio (...) y por otro lado está la calidad de los materiales que se ha utilizado y la calidad de la mano de obra”.
Aunque el costo final de la reconstrucción se sabrá en seis semanas, el presidente Rafael Correa estimó las pérdidas en unos 3.000 millones de dólares y llamó a buscar a los responsables de las construcciones defectuosas colapsadas.
El balance oficial señala que unas 10.000 edificaciones quedaron destruidas o afectadas.
“El país TIENE que saber los nombres de quiénes por ahorrar unos centavos construyeron trampas mortales, así como de las autoridades que lo permitieron”, escribió esta semana Correa en su cuenta de Twitter.
En Pedernales, epicentro del terremoto en la provincia de Manabí (oeste), donde las edificaciones tenían entre cinco y 30 años, una 2.500 viviendas resultaron afectadas; de 35 hoteles, 22 colapsaron y los demás “quedaron totalmente dañados en sus estructuras y también tendrán que ser derribados”, según el alcalde de este balneario, Gabriel Alcívar.
Alcívar comentó a la AFP que su “administración tiene apenas dos años, pero si hay que buscar responsables, hay que buscarlos” y aseveró que en la fase de reconstrucción harán cumplir “a rajatabla” la normativa.
Falta de memoria colectiva
En un minuto, el terremoto arrasó poblados turísticos de la costa ecuatoriana, con saldo hasta el jueves de 659 muertos, 33 desaparecidos y 22.421 albergados.
Esas cifras lo convierten en el tercer sismo más mortífero de los últimos años en Latinoamérica, después del de Haití en 2010, que dejó entre 200.000 y 250.000 muertos, y los dos que sacudieron El Salvador en 2001, con más de 1.100 fallecidos.
En el siglo XX, en la zona que va desde Manabí hasta el sur de Colombia, se produjeron cuatro terremotos de magnitud mayor a 7,5 grados, explicó Yepes.
“Es un gran riesgo que no tengamos esta memoria colectiva”, indicó, destacando que la “ausencia de una cultura de prevención, de una percepción real de riesgo” que deriva en la informalidad en la construcción.
Las personas “tienen la esperanza de terminar la casa, de continuar la casa” que hace que las “edificaciones sean más vulnerables”, explicó el experto del IG.
Diego Sosa, especialista en análisis de estructuras de la Escuela Politécnica Nacional (EPN), recorrió las zonas afectadas junto a otros colegas para estudiar los edificios derruidos.
Pese a ser más vulnerables a terremotos por su ubicación, las edificaciones de las zonas afectadas “son en las que menos se controla que tengan un diseño sismo resistente”, explicó Sosa a la AFP, al señalar las fallas de materiales y configuraciones existentes.
Yepes estima que en la etapa de reconstrucción las autoridades deben considerar que “esas vulnerabilidades” se deben a la “falta de control, por esa rapidez por hacer las cosas, por esos booms económicos que hacen que todo se quiera hacer sin mayor criterio de qué es lo importante en el largo plazo”.