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9 ago. 2017

10 cosas “malas” por las que tu relación tiene que pasar para que sea eterna


El sueño de muchas personas es una relación de pareja perfecta, llena de armonía, basada en el amor, la confianza y la comunicación, libre de cualquier problema. Esto nos puede llevar a pensar que hay que evitar peleas, conflictos, desacuerdos o discusiones.

No existen la pareja ni la relación “perfecta”, sin embargo las personas maduras y exitosas saben que los momentos “negativos” son inevitables, y los toman como un reto para superar en conjunto, una oportunidad de aprender y fortalecer la vida en común.


Hoy te presentamos diez situaciones “malas”, que en realidad pueden fortalecer tu relación:

10. Extrañarse
Compartir en pareja tiempo, actividades e intereses, es básico en una relación, sin duda. Pero hay parejas que se exceden en esta cuestión, con el riesgo de perder la individualidad, caer en la rutina y el aburrimiento. Incluso puede disminuir el deseo sexual.

Pasar tiempo separados, ya sea por actividades diferentes, por un viaje u otra cuestión que los “obligue”, es una oportunidad para valorar al compañero, para sentir su ausencia ansiando positivamente reunirse de nuevo. Juntos otra vez, los sentimientos pueden ser más intensos. Se han valorado más el uno al otro, tendrán mucho que contarse y disfrutarán cada momento la mutua compañía.

9. Discusiones
Evitar las discusiones no trae nada bueno. Hablar sobre lo que les molesta les brinda la oportunidad de hacer ajustes para tener mejor convivencia, aprender y crecer en pareja.

Es importante tomar en cuenta que las discusiones entre las parejas no representan amenaza en la relación, sino la FORMA en que discutimos. Psicólogos y terapeutas de pareja sugieren establecer las siguientes reglas para discutir “limpiamente”:

- Respeto: no decir palabras groseras, hirientes u ofensivas mientras se discute.

- Tomar turnos: Espera tu turno para hablar, que tu pareja haya terminado de decir su argumento antes de establecer el tuyo, y así sucesivamente mientras se da la discusión. Si se falta a esta regla las personas se alteran aún más y se ven en la “necesidad” de gritar para tomar su turno para hablar. Los terapeutas sugieren utilizar un objeto que simboliza “el turno”, entregarlo al otro cuando se terminó de hablar indica que cedes la palabra, y no puedes hablar ni interrumpir hasta recibirlo de nuevo.

- No generalizar: evita decir “siempre” o “nunca”, pues esto por lo general no es verdad; además obstaculiza el flujo de comunicación y lastima sentimientos.

- Hablar en primera persona: Decir “estoy enojada…”, es muy diferente a “tú me haces enojar”. Habla de ti, de tus sentimientos, de tus pensamientos, no de los de tu pareja. Por más que se conozcan, en realidad no sabes lo que está pasando por la mente y el corazón del otro.

8.  “Descuidar” a tu pareja
Las mujeres particularmente suelen estar demasiado al pendiente de sus novios o esposos, recordándoles comer, indicándoles qué vestir, hacer todo por ellos… Aunque también ocurre en el caso de los hombres, que procuran demasiado a la mujer, la cuidan de “peligros”, están demasiado pendientes de ellas. Esto genera enfado, hartazgo como primera reacción, y a la larga se apaga el deseo sexual, pues a niveles inconscientes la pareja tomó un rol de padre o madre, y ¡nadie quiere acostarse con sus padres!

7. Que hablen mal de ti
Hemos sido educados para obedecer, para ser “niños buenos”, para complacer, y a veces dejamos de lado lo que nos hace felices, lo que creemos, sentimos o pensamos. Tristemente no se nos educa para formar nuestras propias opiniones y estar en contacto con nuestras emociones, nos preocupa demasiado el “qué dirán”.

Cuando se trata de tu felicidad es tarea sólo tuya -o de ustedes, refiriéndonos a la pareja-. No importa si no va de acuerdo con lo que la sociedad espera, siempre y cuando recordando que tu libertad de elección termina donde empieza la de los demás. Es decir, que tus acciones no dañen a otros. Haz aquello que les funcione, que les haga felices. Para poner un ejemplo, la infidelidad sucede con frecuencia, y en muchos casos la pareja es capaz de reponerse a tal suceso, pero pasa que las personas alrededor están opinando sobre “si está bien” o “está mal” perdonar. Esa es decisión sólo de ustedes; aprende a filtrar las opiniones y la información que escuchas.

6. Los piropos
Si alguien reconoce los atributos de nuestra pareja, solemos molestarnos o creer que ella dio pie a esa situación, sin embargo en la mayoría de los casos no es así.

Si alguien coquetea contigo puede que esto te haga sentir bien; es agradable que alguien reconozca lo bueno que hay en nosotros, sea externo o interno; es una pequeña dosis de subida de autoestima que a nadie cae mal. Esto puede encender la chispa sexual con TU pareja. Pero ¡cuidado!: no hagas cosas buenas que parezcan malas, no hagas nada que no harías si tuvieses a tu pareja enfrente.

5. Ocultar o disfrazar algo
Cierto es que la comunicación fluida es una virtud de muchas parejas exitosas. Sin embargo hay formas de decir las cosas; no tenemos que exponer todo tal cual lo pensamos y sentimos. A veces decir las cosas “sin filtro” puede herir los sentimientos de nuestra pareja. De hecho esto podría aplicar para la vida en general. La regla de oro es: si lo que vas a decir es verdad, es útil, no daña a nadie y es más bello que el silencio, entonces… dilo.

4. Acudir a terapia de pareja
A mucha gente le da pena decir que acude al psicólogo o a terapia de pareja, pero déjame decirte algo: a nadie le cae mal hacerlo. Es decir, en cierto sentido todos lo necesitamos pero sólo los valientes se atreven. Se requiere valor para enfrentarse a los demonios que nos persiguen, procurar un cambio positivo, reconocer que se necesita ayuda y solicitarla. No dudes en procurar mejoras para ti y tus seres queridos. Esto puede tomar muchas formas, no sólo se obtiene en la terapia. Únicamente necesitas dar el primer paso y buscar los medios que te funcionen; puede ser un libro, un curso, una conferencia, videos de distintos temas... La ventaja es que hoy en día tenemos mucha información al alcance.

3. Ser egoísta
Aprende esta frase: Nadie da lo que no tiene. Si no te procuras como persona, si no luchas por tus sueños, si no te preocupas por crecer internamente, si no buscas tu felicidad, no tendrás nada que ofrecer a tu pareja y que aportar en la relación. Un “egoísmo equilibrado” -procurar tu bienestar- lejos de perjudicar beneficia a la relación, incluso si se tienen hijos, pues recuerda que antes de ser madre o padre eres esposa o esposo, y antes eres persona. Si procuras tu bienestar personal deriva en tranquilidad en la pareja y en la paternidad.

2. Embarazo no planeado
Un embarazo no planeado da un vuelco a la vida personal y de pareja, es un reto que está en ustedes trabajar para que sea algo que los una, una situación en la que reine el amor por sobre todas las cosas, pues aunque se escuche demasiado romántico, un hijo es la materialización y expresión máxima de su intimidad y su amor. Un niño traerá luz a su vida y los unirá por siempre de forma especial, sea que decidan continuar como pareja o no.

1. En las buenas y en las malas... ¡y en las peores!
Los malas rachas son inevitables; padecer enfermedades, estar faltos de trabajo o de dinero es una oportunidad para fortalecerse como pareja, para demostrar que el amor impera; no es fácil, pero tampoco imposible. El mundo está lleno de obstáculos, y lo que menos se necesita es tener otro en casa. Cerrar filas, unirse como pareja, no abandonar el barco a la primera tormenta, les hará distinguirse del resto, es una máxima prueba de amor. Es muy común que ante el primer problema se tome la salida fácil de la separación o el divorcio. Sólo recuerda: “Nada es para siempre. Todo pasa y esto también pasará!”
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