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27 ago. 2017

Por qué los teléfonos “tontos” son una opción inteligente


Los desarrolladores se han vuelto cada vez más audaces conforme intentan mantenernos conectados a nuestros teléfonos inteligentes


Recientemente me he estado preguntando si podría vivir sin Google Maps. Creo que es la única aplicación en mi teléfono que realmente echaría de menos si reemplazara mi teléfono inteligente por uno “tonto” que sólo maneja llamadas y mensajes.
¿Por qué estoy pensando en esto? Porque que cada vez que intento leer un libro, termino usando mi teléfono en vez. Me convenzo a mí misma que necesito buscar algo en el Internet y 30 minutos más tarde, estoy viendo Facebook o Twitter sin sentido del tiempo ni propósito. Últimamente he estado apagando mi teléfono pero entonces lo vuelvo a encender. He intentado esconder todas mis coloridas aplicaciones en una carpeta, pero no ha funcionado. Sigo interrumpiendo mis propios pensamientos para hacer algo que realmente no quiero hacer.
Esto no es accidental. Los desarrolladores se han vuelto cada vez más audaces conforme intentan mantenernos conectados a nuestros teléfonos inteligentes. Algunos de ellos hablan en términos de la adicción y la psicología del comportamiento, aunque la mayoría prefiere usar el término “tecnología persuasiva”. En sí misma, la tecnología persuasiva no es una idea nueva; un académico llamado BJ Fogg ha estado dando clases en un “laboratorio de tecnología persuasiva” en Stanford desde fines de los años noventa. Pero a medida que la propiedad de teléfonos inteligentes se ha disparado y han nacido los sitios de medios sociales, la tecnología persuasiva ha ampliado enormemente su alcance.
Una compañía llamada Dopamine Labs — que lleva el nombre del producto químico que se libera en el centro de recompensa del cerebro — ofrece un servicio a las empresas de tecnología que quieren “mantener involucrados a los usuarios”. Fundada por dos neurocientíficos convertidos en programadores, habla explícitamente sobre el uso de la inteligencia artificial para modificar aplicaciones y liberar un poco de dopamina para “sorprender y enganchar a cada usuario”. En otras palabras, en caso de que no sea suficientemente aterrador: los robots están tratando de alterar tu química cerebral para que pases más tiempo haciendo algo que no quieres hacer.
Sin embargo, Dopamine Labs es una compañía interesante, porque también ofrece un servicio de antídoto: una aplicación que intenta ayudar a los usuarios a recuperar el control. El fundador Ramsay Brown me dice que quiere que la gente entienda que “sus pensamientos y sentimientos se están considerando como cosas que pueden ser controladas y diseñadas”. Él piensa que deberíamos hablar más sobre el poder persuasivo de las tecnologías que se están utilizando. “Creemos que todos tienen derecho a la libertad cognitiva, y a desarrollar el tipo de cerebro con el que quieren vivir”, dice.
Space, la aplicación de Dopamine Labs, está inspirada en la idea de que la tecnología nos puede ayudar a cambiar la forma en que la usamos, alentándonos a resistir la tentación del teléfono inteligente y pasar nuestro tiempo en línea de manera más productiva.
El sector de la tecnología ofrece dos formas para ayudarnos a recuperar nuestro autocontrol. Space opta por el enfoque “contemplativo”, pidiéndonos que respiremos lentamente durante unos segundos antes de cargar una aplicación. La otra alternativa es “parar en seco”, lo cual puede parecer atractivo, aunque tiene problemas prácticos obvios.
El principal representante del movimiento de resistencia en contra de las aplicaciones adictivas es Tristan Harris, el ex eticista del diseño de Google. Él cree que los que realmente tienen el poder para cambiar el sistema son los suministradores de hardware, no los diseñadores de aplicaciones. En 2014, el Sr. Harris fundó el grupo “Time Well Spent” (Tiempo bien empleado), que se dedica a promover prácticas de diseño ético entre los desarrolladores. Cuando le pregunté sobre sus metas, comenzó a hablar del “hackeo de nuestros cerebros”, lo cual parece una exageración, hasta que recuerdas que existe una compañía llamada Dopamine Labs.
Cualquier empresa de tecnología que depende de ingresos publicitarios tiene el incentivo de mantener a sus usuarios en línea el mayor tiempo posible, dice el Sr. Harris. Esto significa que las aplicaciones están diseñadas específicamente para mantenernos conectados a ellas. Apple, por el contrario, quiere vender teléfonos, pero sus fuentes de ingresos no están tan rígidamente correlacionadas con la cantidad de tiempo que sus clientes pasan en línea. El Sr. Harris espera que compañías como Apple puedan usar su influencia para impulsar la creación de aplicaciones más éticamente diseñadas.
Mientras espero que Apple solucione este problema, me siento tentada a comprar algo llamado “Light Phone”, un teléfono del tamaño de una tarjeta de crédito que no hace absolutamente nada más que hacer y recibir llamadas. ¿Cuánto cuesta? US$150. Parece caro. Pero el sitio web de la compañía es muy persuasivo.
Por Aime Williams (c) 2017 The Financial Times Ltd. All rights reserved.
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