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5 dic. 2017

Niño que ha desaparecido 41 veces y necesita tratamiento médico quiere estudiar y ser del FBI


Santo Domingo
El primer gesto de bienvenida que dio Marcos Osiris Castillo Mancebo fue un caluroso abrazo. Estaba asombrado con lo que veía: un colorido árbol de navidad fue su mayor distracción.


Ese mismo niño, que cumplirá 12 años en enero, había estado desaparecido hasta el pasado jueves por vez 41. Fue hallado golpeado en Boca Chica.
El infante nació con una condición especial que aun no se ha podido diagnosticar. Sus codos y piernas, que siempre mantenía en movimiento en busca de algo para tocar, tenían aún las marcas de un atropello de unos motociclistas, quienes tras el accidente lo dejaron abandonado en una calle de Boca Chica, a 40 kilómetros al este de la capital dominicana, con solo 500 pesos para que se trasladara al médico.
Sus días fueron difíciles, pero nunca pasó hambre. Buenos samaritanos le daban comida, agua y dinero para sobrevivir.
Su padre, Osiris Castillo Mancebo, es su único cuidador. Cuando está junto a él lo lleva de la mano por miedo a que se vaya y no regrese a casa jamás.
Este mismo hombre también es quien se encarga de buscarlo cuando escapa de su vivienda ubicada en Los Alcarrizos, al extremo oeste de la ciudad capital.
Aunque dice que siempre le ha pedido a Dios que le dé fuerzas para lidiar con la situación de su hijo, con los años las ha ido perdiendo a causa de una enfermedad que solo sabe describir como parecida a un accidente cerebrovascular, que aún le provoca convulsiones.
El tesoro más importante de su progenitor es su hijo. Su única fuente de trabajo es la venta de correas en el mercado y las calles de Los Alcarrizos, pero no gana lo suficiente para poder cubrir los gastos médicos del niño ni tampoco para llevar al día los pagos de su vivienda alquilada.
“Le pido a la vicepresidenta Margarita Cedeño que me ayude. Ella también es madre. Yo lo he llevado a muchos lugares y se han hecho de la vista gorda. Por favor que me den una mano amiga, quiero que mi hijo sea un niño normal”, contó desde la redacción del LISTÍN el padre.
Marcos Castillo fue inscrito a los cinco años por su padre en una escuela, pero al poco tiempo lo expulsaron, y desde entonces cada vez que pasa cerca de un centro educativo le pide que quiere estudiar y ser un agente de la FBI, para resolver crímenes.
El padre teme encerrarlo y no quiere privar al infante de su libertad, pero ruega a organizaciones sociales o gubernamentales que le den una mano amiga ante esta situación para que el niño sea tratado, o que pueda ser inscrito en una escuela para infantes con condiciones parecidas a la suya.
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