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2/21/2017

Desaparecen drogas anestésicas de los centros médicos de veteranos de Estados Unidos


WASHINGTON. Las autoridades federales de Estados Unidos han redoblado las investigaciones sobre los centros médicos del Departamento de Asuntos de Veteranos relacionadas con la desaparición de medicamentos opiáceos.
Desde 2009 se ha registrado un brusco aumento de los robos de estos fármacos, la desaparición de recetas o el consumo no autorizado por parte de empleados del Departamento, según datos del gobierno a los que tuvo acceso The Associated Press.
Médicos, enfermeras o personal farmacéutico en hospitales federales —la inmensa mayoría en el sistema para veteranos— sustrajeron sustancias controladas para consumo propio o su venta irregular, o los fármacos destinados a los pacientes simplemente desaparecieron.
Para agravar el problema, algunos hospitales de veteranos han llevado un control poco riguroso de las existencias.
Las inspecciones por sorpresa determinaron que cuatro centros se habían saltado las inspecciones mensuales de medicamentos almacenados o les faltaban otros requisitos, según auditores del Congreso. En opinión de los investigadores, la cifra refleja problemas en toda la red de más de 160 centros médicos y 1.000 clínicas, y eso después de que los auditores llevaran al menos desde 2009 alertando sobre la escasa supervisión.
“El robo de fármacos es un motivo de preocupación”, dijo a The Associated Press Jeffrey Hughes, inspector general asistente en funciones del Departamento para investigaciones. Las inspecciones mensuales podrían ayudar al Departamento de Asuntos de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés) a descubrir posibles discrepancias y erradicar los delitos.
Tanto la oficina del inspector general como la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) dijeron haber aumentado su vigilancia sobre el robo de medicamentos de VA, y la DEA informó de más investigaciones penales.
No está claro que el problema sea mayor en VA que en instituciones privadas, donde expertos médicos y las fuerzas de seguridad también informan de un aumento de los robos. La tendencia coincide con un problema generalizado en Estados Unidos de consumo excesivo de opiáceos.
Sin embargo, la agencia de veteranos se ve bajo un escrutinio especial de legisladores y el público, dada la estima de los estadounidenses por los exmilitares a los que atiene la agencia y debido a problemas anteriores en el Departamento, especialmente un escándalo de 2014 sobre las listas de espera en el que algunos pacientes murieron a la espera de tratamiento.
“Esos empleados del VA a los que se confía el servicio a los veteranos heridos y enfermos de nuestra nación deben atenerse a un estándar más alto”, dijo Joe Davis, portavoz de Veterans of Foreign Wars.
Los robos de medicamentos son uno de los desafíos que aguardan al recién confirmado secretario de Asuntos de Veteranos David Shulkin, que sirvió como subsecretario de salud del Departamento mientras crecía el problema de los fármacos. En su vista de confirmación este mes, Shulkin dijo estar orgulloso de que el Departamento hubiera identificado el problema de adicción a los opiáceos antes de que lo hicieran otros y “lo reconoció como una crisis y empezó a tomar medidas”.
Sin embargo, la agencia admite que tiene problemas para mantener las inspecciones mensuales y dijo estar tomando medidas para mejorar la formación de los empleados. También indicó que obligará a los hospitales a cumplir los procedimientos de inspección y a desarrollar planes para aplicarlos.
VA no respondió a peticiones de AP hace tres semanas solicitando una lista de instalaciones del Departamento donde se notificó la desaparición de medicamentos o se tomaron medidas disciplinarias. La agencia alegó que todavía estaba reuniendo esa información.
Los incidentes reportados de medicamentos desaparecidos o robados en hospitales federales pasaron de 272 en 2009 a 2.926 en 2015, antes de caer a 2.457 el año pasado, según datos de la DEA a los que tuvo acceso AP. El término “hospitales federales” incluye los más de 1.100 centros del VA, así como siete hospitales de correccionales y unos 20 hospitales que dan servicio a tribus indígenas.
La oficina del inspector general estima que hay casi 100 pesquisas penales abiertas relacionadas con el robo o pérdida de sustancias controladas en VA.
Tres empleados del Departamento fueron acusados este mes de conspirar para robar medicamentos con receta, incluidos opiáceos, en el hospital de VA de Little Rock, en Arkansas. Un técnico de farmacia utilizó su acceso oficial a la plataforma web de un proveedor médico para encargar y desviar 4.000 píldoras de oxicodona, 3.300 píldoras de hidrocodona y otros medicamentos a un coste para VA de 77.700 dólares y un valor de mercado de 160.000 dólares.
Los empleados abusaban de su posición para robar a los contribuyentes y “envenenar las comunidades en las que vivimos con medicamentos peligrosos”, dijo Christopher Thyer, el abogado del gobierno que supervisa el caso.
Los robos también plantean la posibilidad de que los pacientes se queden sin medicación que necesitan o que estén atendidos por personal bajo los efectos de los fármacos.
En un caso, un exempleado del VA en Baltimore se declaró culpable de la acusación de que se había inyectado fentanilo destinado a los pacientes antes de operaciones quirúrgicas y después rellenó las jeringas con solución salina. Los pacientes recibieron la solución contaminada con el virus de hepatitis C que portaba el empleado.
El doctor Dale Klein, especialista en gestión del dolor en el Departamento, dijo que algunos de sus pacientes sospechaban que no estaban recibiendo los fármacos que necesitaban. En uno de los casos, el paciente tenía una pierna amputada y tuvo que aguantar sin morfina porque una farmacia del VA dijo no tener suficientes existencias.
Klein, que forma parte de una red de informantes llamada VA Truth Tellers, dirigió una clínica contra el dolor de VA entre 2015 y 2016 y ha presentado una demanda por represalias contra la agencia, afirmando que la institución restringió su trabajo cuando expresó sus quejas. VA dijo estar analizando la acusación.
Klein describió varias listas de inventarios del VA como inconsistentes y una “chapuza apresurada”. Esa preocupación se vio respaldada por los hallazgos de la Oficina de Cuentas del Gobierno, publicados la semana pasada, sobre que las reservas de fármacos no siempre se inspeccionaban con regularidad. La abogada de Klein, Natalie Khawam, dijo haber oído quejas similares de otros clientes de hospitales del VA.
El estudio de la Oficina de Cuentas, que abarcó de enero de 2015 a febrero de 2016, encontró el mayor número de inspecciones sin hacer en el hospital del VA en el Distrito de Columbia, según una fuente del gobierno familiarizada con partes confidenciales de la auditoría. Las inspecciones mensuales quedaron sin hacer en más del 40% de las veces, especialmente en zonas de atención crítica a pacientes como la sala de operaciones o las unidades de cuidados intensivos. Eso aumenta los riesgos de que los veteranos no reciban toda su medicación.
El hospital de Washington también se saltó inspecciones a la farmacia del centro durante tres meses seguidos, incumpliendo la política del departamento, señaló la fuente, que insistió en permanecer en el anonimato para revelar hallazgos que no son públicos. En el último año, el hospital tuvo al menos cinco incidentes de sustancias controladas que se “perdieron” o desaparecieron de algún modo, según la DEA.
También se encontraron problemas en hospitales del VA en Seattle, Milwaukee y Memphis, Tennessee. Milwauke tuvo el menor número de incidentes, algo que los auditores atribuyeron a la creación de un coordinador especial para garantizar que se cumplían las inspecciones.
En respuesta a los hallazgos, el Comité de Asuntos de Veteranos de la Cámara de Representantes tenía previsto celebrar una vista sobre la cuestión de las inspecciones. Su presidente, el representante Phil Roe, que es médico, dijo que el incumplimiento del protocolo es grave “y no debe tolerarse dentro del VA”.