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9/20/2018

La recuperación de Puerto Rico: casas sin techo, escuelas cerradas, una isla abandonada


El rostro del Puerto Rico olvidado despu√©s del hurac√°n Mar√≠a bien pudiera ser el de Jos√© Luis “Cheg√ľi” Aponte Cruz, quien perdi√≥ su empleo y todo lo que ten√≠a en su casa cuando la furia de la tormenta hizo que el mar se adentrara una milla en esta comunidad playera pobre, arrasando con casi todo a su paso.


Mar√≠a destroz√≥ el merendero de bloques pintado de amarillo brillante al que la gente iba a buscar los famosos bacala√≠tos de Cheg√ľi. La tormenta se llev√≥ el congelador, el refrigerador y la estufa, las mesas y las sillas, y nada estaba asegurado. Un a√Īo m√°s tarde, despu√©s que le negaron pr√©stamos bancarios y asistencia del gobierno para reabrir con un cami√≥n de comida, Cheg√ľi —como buena parte de Puerto Rico— apenas ha comenzado a recuperarse.
Una vez a la semana, los domingos, lleva a la playa un fog√≥n donado y una tienda de campa√Īa para vender bacala√≠tos y pastelillos, preparados a mano y rellenos de masas de pescado y cangrejo, a los pocos clientes leales que todav√≠a llegan a lo que todav√≠a es un merendero insalvable, en realidad un par de paredes sin techo. Pero no es lo mismo.

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Puerto Rico: La Isla Olvidada
“Esto era un ambiente familiar. Esto me llenaba”, dijo Cheg√ľi, con los ojos llorosos mientras recordaba los muchos a√Īos de cocinar en el Kiosko El Amarillo, mientras sus dos hijos serv√≠an a los clientes en el mostrador.
“Yo quer√≠a seguir, comprar un food truck, pero, bueno, estamos bregando”.
Hoy, en Punta Santiago hay poco que se parezca a lo que hab√≠a antes que Mar√≠a barriera la isla, dej√°ndola en la oscuridad, destrozando o da√Īando cientos de miles de casas y empeorando una crisis econ√≥mica y pol√≠tica que hab√≠a comenzado mucho antes. Decir que la recuperaci√≥n es irregular e incierta no comienza a describir la situaci√≥n verdadera en Puerto Rico 12 meses despu√©s que Mar√≠a toc√≥ tierra como una poderosa tormenta categor√≠a 4.
La mayor parte de la isla ha recuperado cierta semblanza de normalidad, y los legendarios tapones del tráfico a la hora pico en la relativamente próspera zona metropolitana de San Juan están a la vista de nuevo, algo peor porque los semáforos funcionan intermitentemente, si es que acaso funcionan, en algunas de las principales intersecciones.
Pero las apariencias son enga√Īosas. La estabilidad —econ√≥mica, pol√≠tica y demogr√°fica, en la vida diaria— sigue siendo escasa en Puerto Rico, un territorio estadounidense de 3.3 millones de personas, ciudadanos estadounidenses de nacimiento, y sobrevivientes de uno de los desastres naturales m√°s devastadores en la historia de Estados Unidos.
Casi todos viven hoy con alg√ļn grado del trauma emocional y f√≠sico que acompa√Ī√≥ la enorme devastaci√≥n y sus extenuantes consecuencias: las semanas y meses sin electricidad, servicios m√©dicos fiables, servicios b√°sicos del gobierno y muchas de las comodidades y protecciones de la vida moderna a la que estaban acostumbrados.
Para muchos, todavía queda mucho camino por andar.
En casi todas partes se ha restablecido el servicio el√©ctrico, un esfuerzo financiado casi en su totalidad por el gobierno federal, pero los apagones son cosa de todos los d√≠as y la obsoleta red el√©ctrica sigue siendo vulnerable al desastre durante una tormenta, incluso ante fallas menores: Hace unos meses buena parte de la isla qued√≥ a oscuras dos d√≠as cuando una excavadora da√Ī√≥ una torre de transmisi√≥n en las monta√Īas. La mayor parte del sistema de generaci√≥n y transmisi√≥n de electricidad debe redise√Īarse desde cero, dicen autoridades del sector.
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El hurac√°n Mar√≠a destroz√≥ esta comunidad playera en Punta Santiago, Humacao. Un a√Īo despu√©s, muchas casas todav√≠a tienen por techo lonas azules.
MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com 
Muchos centros comerciales y negocios da√Īados no han podido reabrir, y los empleos que generaban est√°n en el aire. En el cr√≠tico sector tur√≠stico, la situaci√≥n es similar. Los operadores de algunos centros tur√≠sticos clave est√°n acelerando las reparaciones para abrir la pr√≥xima temporada alta, la segunda desde Mar√≠a.
La asistencia federal de recuperaci√≥n para propietarios de viviendas, inquilinos y negocios ha sido poco uniforme y ha demorado en llegar, al tiempo que los pagos son con frecuencia insuficientes para completar las reparaciones necesarias, algo que es especialmente cr√≠tico porque pocos propietarios tienen seguro. Los problemas con los t√≠tulos de propiedad en Puerto Rico, que con frecuencia son transferencias informales de tierras —un legado del sistema jur√≠dico de cuando la colonia espa√Īola— han impedido que cientos de miles de n√ļcleos familiares reciban asistencia de la FEMA para reparar sus viviendas da√Īadas. De 1.1 millones de solicitudes individuales de asistencia, dice la FEMA, casi un tercio, 332,000, fueron rechazadas.
El gobierno de Puerto Rico informa que unas 60,000 viviendas ocupadas siguen sin techo, cubiertas por lonas temporales azules entregadas por la FEMA, que se han convertido en un s√≠mbolo de la devastaci√≥n de Mar√≠a y lo que muchos dentro y fuera de la isla perciben como una respuesta totalmente inadecuada del gobierno del presidente Donald Trump. Sobre un puente, en una arteria principal de San Juan hay un grafiti que dice “FEMA es el problema”.
Un an√°lisis de McClatchy, la empresa matriz del Miami Herald, de informaci√≥n p√ļblica sobre la asistencia de la FEMA para viviendas identific√≥ que hasta el 1 de junio, los sobrevivientes de Mar√≠a en Puerto Rico recibieron un promedio de $1,800 para reparaciones. En comparaci√≥n, los sobrevivientes del hurac√°n Harvey en Texas el a√Īo pasado recibieron $9,127.
En muchos casos, dicen propietarios y sus defensores, el dinero entregado por la FEMA apenas fue suficiente para reemplazar electrodomésticos, muebles y ropa, mucho menos para hacer reparaciones que permitieran a la gente seguir viviendo allí con seguridad, que es el propósito de la asistencia de emergencia.
En una isla donde la mitad de la población vive bajo el nivel federal de pobreza, los pocos ahorros de muchos propietarios de viviendas y comerciantes se fueron en el alto costo de la gasolina para alimentar generadores durante meses antes de que siquiera pudieran comenzar las reparaciones. Aunque la FEMA entregó generadores, los críticos dicen que la agencia no tomó en cuenta el costo del combustible.
Abrumados por la envergadura de la devastación de María y la necesidad de restaurar una infraestructura básica, como carreteras y puentes, casi todos afectados ya incluso antes de la tormenta, los gobiernos estatal y municipales de Puerto Rico no han podido entregar a los habitantes mucha asistencia directa.
Eso llev√≥ a la opini√≥n generalizada de que a los puertorrique√Īos los dejaron solos despu√©s de Mar√≠a. Los que han logrado empezar el camino a la recuperaci√≥n dicen que lo han hecho en gran parte con la ayuda de vecinos, organizaciones comunitarias, grupos de voluntarios y donaciones, as√≠ como un apoyo significativo de fundaciones privadas en Puerto Rico y otros lugares, especialmente en Estados Unidos, y mucho sudor y sufrimiento.
Cuando el nivel del agua salada comenz√≥ a subir r√°pidamente en la casa de bloques de Edna Vel√°zquez durante Mar√≠a, la mujer y sus hijos corrieron al exterior para subir por la escalera a la primera planta, donde viv√≠an familiares. Vel√°zquez, quien no sabe nadar, dijo que casi se ahoga cuando trat√≥ de salir para alcanzar la escalera y el agua le lleg√≥ al cuello. Mientras contaba lo sucedido, su madre, de 79 a√Īos y ciega, Lidia M. Rodr√≠guez, sentada a su lado, comenz√≥ a llorar.
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El merendero, Kiosko El Amarillo, qued√≥ destruido cuando el hurac√°n Mar√≠a pas√≥ por Puerto Rico el a√Īo pasado. El propietario, Jos√© Luis Aponte Cruz, est√° trabajando temporalmente en una tienda de campa√Īa en un estacionamiento.
MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com 
Para cuando la marea de tormenta finalmente cedió días después, todas las pertenencias de Velázquez y su familia estaban destruidas o habían sido arrastradas por las aguas, incluidos los vehículos. Pero la FEMA rechazó su solicitud de asistencia; Velázquez dice que no sabe la razón y, frustrada con la larga espera, abandonó una apelación. En su lugar, reemplazó muebles e hizo las reparaciones que pudo con ayuda de sus vecinos y amigos. La casa todavía tiene filtraciones cuando llueve.
“Entre los mismos vecinos nos ayudamos. Luchamos y echamos pa’lante”, dijo, agregando que el trauma todav√≠a sigue a flor de piel. “No me parece que fuese un a√Īo. Uno ve todo eso y uno llora. A veces miro al mar y me da p√°nico. Pero estamos vivos para contarlo y para que el mundo vea”.
Las cr√≠ticas a la respuesta federal a Mar√≠a ha sido un tema en que concuerdan, extra√Īamente, dos destacados pol√≠ticos puertorrique√Īos rivales, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yul√≠n Cruz, cr√≠tica franca de Trump, y el gobernador Ricardo Rossell√≥, quien ha rechazado expresamente culpar a Trump.
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Carmen Yul√≠n Cruz Soto, alcaldesa de San Juan, Puerto Rico, habla de la situaci√≥n de la ciudad un a√Īo despu√©s que el hurac√°n Mar√≠a devast√≥ la isla.
MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com 
El tema est√° estrechamente vinculado con el peculiar panorama pol√≠tico de la isla en su condici√≥n de Estado Libre Asociado, cuyos habitantes, ciudadanos estadounidenses, no pueden votar por el presidente y no tienen representante con voto ante el Congreso federal (los puertorrique√Īos disfrutan autom√°ticamente del pleno derecho al voto si se mudan a cualquiera de los 50 estados del territorio continental). Los dos principales partidos pol√≠ticos de la isla, el Partido Nuevo Progresista, de Rossell√≥, y el Partido Popular Democr√°tico, de Cruz, est√°n organizados alrededor de la b√ļsqueda de la estadidad o preservar y mejorar el estatus de Estado Libre Asociado, respectivamente.
Los dos dicen que el nebuloso estatus que existe ahora significa que los puertorrique√Īos en la isla son tratados por el Congreso y el gobierno federal como “ciudadanos de segunda clase”, sin el poder pol√≠tico necesario para exigir un trato igualitario. Los dos son dem√≥cratas, pero Cruz ha criticado repetidas veces a Rossell√≥ por no enfrentarse a Trump, alegando que teme alienar a las mayor√≠as republicanas en el Congreso cuyo apoyo ser√≠a necesario para aprobar la estadidad.
“La ayuda en general a Puerto Rico es inferior relativo a otras jurisdicciones”, dijo Rossell√≥ en una entrevista con el Miami Herald. “De eso no hay duda. Es una realidad de nuestra condici√≥n colonial y ciudadan√≠a de segunda clase”.
Rossell√≥ calific√≥ el proceso de recuperaci√≥n de “inexplicablemente lento” y agreg√≥: “Mientras no tengamos derecho al voto no tendremos el poder pol√≠tico para pedir los recursos apropiados, como har√≠an Florida o Texas en circunstancias similares”.
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Lidia M. Rodr√≠guez, de 79 a√Īos y ciega, qued√≥ atrapada en su casa en Punta Santiago, Humacao, por las aguas de la marea de tormenta del hurac√°n Mar√≠a en el 2017. Un a√Īo despu√©s, Rodr√≠guez vive con su familia mientras reconstruyen su casa.
MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com 
Cruz fue m√°s all√° y calific√≥ al gobierno federal de “irresponsable, negligente y abusivo” en la forma que manej√≥ la respuesta a Mar√≠a.
“No estamos cerca de [la situaci√≥n] en que deber√≠amos estar”, dijo Cruz en una entrevista con el Herald. “La ayuda no ha llegado a Puerto Rico. Personas murieron porque Donald Trump fue negligente. El gobierno de Puerto Rico y la mayor parte de la clase pol√≠tica se hizo de la vista gorda y ayud√≥ a Donald Trump a salirse con la suya en su negligencia. Mientras la gente mor√≠a, √©l se estaba dando [una calificaci√≥n] de 10 de 10. Esto lo va a perseguir para siempre”.
Cruz y otros cr√≠ticos tambi√©n atribuyen fallas en la respuesta federal a lo que dicen es racismo por parte de Trump y algunos miembros de su gobierno hacia una poblaci√≥n puertorrique√Īa mayormente pobre y de piel oscura.
Pero Cruz alabó la gran cantidad de donaciones y apoyo de norteamericanos de a pie y grupos privados.
“Siempre estaremos agradecidos al pueblo americano”, dijo. “Son gente fabulosa”.
Pero los problemas de Puerto Rico después del paso de María no se limitan a las consecuencias de una respuesta federal insuficiente o incluso el paso lento de la reconstrucción.
Hasta los que tenían seguros privados están enfrentando grandes obstáculos. Muchas aseguradoras en la isla y en Estados Unidos están rechazando las reclamaciones, o las procesan con gran lentitud, dicen los críticos, lo que ha llevado a una ola de demandas. Vallas publicitarias y anuncios en la radio destacan los servicios de abogados especializados en impugnar la negación de reclamaciones de seguros, incluso algunos fuera de la isla han abierto oficinas allí para litigar casos.
La fuerte escasez de materiales de construcci√≥n, contratistas y trabajadores ha llevado a que se disparen los precios, lo que ha afectado a√ļn m√°s la reconstrucci√≥n. Eso se debe a que la industria de la construcci√≥n en la isla se redujo significativamente durante una profunda y prolongada recesi√≥n econ√≥mica que comenz√≥ un decenio antes de la llegada de Mar√≠a. Incluso los que ahora est√°n dispuestos a pagar enfrenta demoras de hasta seis meses para la entrega de materiales, que en la mayor√≠a de los casos deben importarse.
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Lidia M. Rodr√≠guez, de 79 a√Īos y ciega, qued√≥ atrapada en su casa en Punta Santiago, Humacao, por la tormenta de marea del hurac√°n Mar√≠a en el 2017. Un a√Īo despu√©s, Rodr√≠guez vive con su familia mientras reconstruyen la vivienda.
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Mientras tanto, las pérdidas en términos humanos son casi incalculables.
Los suicidios se han disparado y expertos en salud mental dicen que los casos de depresión, diagnosticada o no, probablemente están a niveles epidémicos. La tormenta también aceleró el éxodo, por razones económicas, de los jóvenes, separando familias y acentuando un colapso poblacional que ha dejado a Puerto Rico con una población envejecida, entre ellos muchos enfermos y personas aisladas que el abrumado sistema de servicios médicos y servicios sociales batalla por atender.
En el saldo de fallecidos por Mar√≠a hubo muchas personas mayores en condiciones precarias, saldo que se hizo evidente de manera completa el mes pasado, cuando el gobierno puertorrique√Īo revis√≥ su estimado de muertes atribuidas a la tormenta a 2,975, despu√©s de meses en que el saldo oficial fue de solamente 64 fallecidos. Muchos murieron debido a que los apagones, que duraron meses, dejaron inactivos respiradores caseros, hospitales y centros de di√°lisis, que no han vuelto completamente a la normalidad. Algunos expertos dicen que el saldo de fallecidos puede aumentar m√°s en momentos en que cl√≠nicas y hospitales hacen frente a una antigua escasez de m√©dicos y enfermeras, que la tormenta ha exacerbado.

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La salud mental es parte de los da√Īos que dej√≥ el hurac√°n Mar√≠a
Virtualmente en bancarrota y con muchos menos ni√Īos que educar, el gobierno ha decidido cerrar cientos de escuelas p√ļblicas con poca matr√≠cula, una decisi√≥n que ha probado ser controversial.
Al éxodo se han sumado miembros de las fuerzas policiales estatales y municipales, donde se reporta que la cantidad de plazas vacantes ha aumentado significativamente desde María. En toda la isla los habitantes se quejan de menos patrullas policiales y más llamadas a las autoridades sin respuesta.
Muchos puertorrique√Īos reconocen que Mar√≠a dej√≥ una poblaci√≥n emocionalmente traumatizada y ansiosa por las perspectivas inciertas de una recuperaci√≥n que los expertos afirman pudiera demorar f√°cilmente una d√©cada. Desde la tormenta, m√°s de un comentarista ha se√Īalado que Mar√≠a ha obligado a una introspecci√≥n, dejando al descubierto un secreto familiar del que muchos no han querido hablar: que la sociedad puertorrique√Īa es considerablemente desigual y disfuncional, donde quiz√°s una mayor√≠a vive en la pobreza, en condiciones m√°s cercanas a las de pa√≠ses subdesarrollados que a las del territorio continental.
Pero funcionarios federales insisten en que no han pasado por alto a Puerto Rico.
La FEMA emiti√≥ un informe en julio en que reconoci√≥ que no estaba preparada para el doble golpe del hurac√°n Irma y el mucho m√°s devastador Mar√≠a sobre Puerto Rico, que toc√≥ tierra despu√©s de que buena parte de Houston qued√≥ inundada e incendios forestales destruyeron comunidades enteras en California. Hace unas semanas, una auditor√≠a completa de la Oficina de Rendici√≥n de Cuentas (GAO) del gobierno concluy√≥ que la FEMA hizo lo que deb√≠a en desastres anteriores, pero no anticip√≥ los extensos y graves da√Īos de Mar√≠a, y qued√≥ abrumada cuando lleg√≥ la hora de responder a esa calamidad.

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Pueblo en Puerto Rico destruido por el hurac√°n Mar√≠a lucha por reconstruirse un a√Īo despu√©s
Pero la FEMA dice que ha acelerado su respuesta a Mar√≠a. La agencia anunci√≥ el mes pasado $110 millones adicionales para la empresa el√©ctrica de la isla y su oficina central de recuperaci√≥n y reconstrucci√≥n. Eso hace aumentar el total de dinero ya gastado o prometido en respuesta al hurac√°n Mar√≠a a $3,400 millones en fondos p√ļblicos, dinero que l√≠deres puertorrique√Īos reconocen ha comenzado a reactivar la econom√≠a de la isla.
Y hay m√°s dinero en camino.
El Congreso ha aprobado entregas de casi $20,000 millones a Puerto Rico por parte del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) que se usarán para las reconstrucción de viviendas y negocios, así como mejoras y modernización de la red eléctrica y otra infraestructura, en particular proyectos que ayuden a la isla a enfrentar mejor las tormentas en el futuro. Eso pudiera incluir la elevación de viviendas y edificios por encima del nivel de la marea de tormenta, comprar propiedades en puntos vulnerables o restaurar humedales para proteger las urbanización en las costas, dijo Brian Sullivan, portavoz del HUD.
A finales de julio, el HUD aprob√≥ un plan del gobierno de Puerto Rico para los primeros $1,500 millones, que financiar√°n un programa para entregar a los propietarios de viviendas un m√°ximo de $48,000 cada uno para reparar casas da√Īadas, y un m√°ximo de $120,000 para reconstruir viviendas destruidas. Se asignar√°n unos $10 millones a asistencia para alquiler de viviendas, $145 millones para revitalizar negocios y $100 millones para la reparaci√≥n de infraestructura da√Īada.
Aunque es uno de los mayores paquetes de ayuda por desastres aprobados en la historia del HUD, no llega a los $94,000 millones que el gobierno del gobernador Rosselló calcula que son necesarios para una reconstrucción total y para modernizar la decrépita y anticuada estructura de la isla.
Todav√≠a no est√° claro cu√°ndo comenzar√° a llegar el dinero asignado a los que m√°s lo necesitan, o qu√© proceso se implementar√° para revisar las solicitudes. En este momento se est√°n redactando las normas, pero la verificaci√≥n y gesti√≥n quedar√° en manos del gobierno puertorrique√Īo, dijo Sullivan.
Pero el portavoz reconoci√≥ que “despu√©s de toda esta inversi√≥n todav√≠a habr√° necesidades no resueltas”.
En Punta Santiago, esta asistencia adicional no llegar√° lo suficientemente r√°pido para sus aproximadamente 5,200 vecinos.
El muelle que antes atra√≠a a numerosos turistas y ba√Īistas los fines de semana es un desastre y el regreso de los visitantes de los que la comunidad depend√≠a sigue siendo m√°s una esperanza que una realidad. Los c√°lculos de las reparaciones del puente, que hab√≠a sido renovado recientemente, sobrepasan $1 mill√≥n, dinero que la municipalidad de Humacao no tiene, dijo F√©lix Font√°nez L√≥pez, gerente de proyectos de PECES, una organizaci√≥n comunitaria que ha sido la columna vertebral de los esfuerzos locales de recuperaci√≥n.
En el seriamente da√Īado centro comercial a pocas millas de distancia, donde trabajaban muchos vecinos, s√≥lo ha reabierto un Walmart. El cercano Sam’s Club, que Mar√≠a da√Ī√≥ seriamente, cerr√≥ definitivamente.
De las docenas de rampas de lanzamiento de embarcaciones de la asociaci√≥n local de pescadores, s√≥lo queda una funcionando, porque las embarcaciones fueron gravemente da√Īadas por la marea de tormenta de Mar√≠a. Los 13 pescadores que quedan —dos fallecieron de complicaciones m√©dicas despu√©s de Mar√≠a y otro se march√≥ porque la tormenta le destroz√≥ su casa— no han podido pescar mucho, dijo el presidente de la asociaci√≥n Antonio “Tony” Torres Torres. Los pescadores necesitan 21 motores en buen estado para reanudar su labor.
La mayor parte de los 13 chinchorros de la zona, locales r√ļsticos junto a la carretera donde sirven comida y que antes atra√≠an a mucha gente los fines de semana, fueron arrasados por Mar√≠a, dijo Font√°nez L√≥pez. Las populares caba√Īas de alquiler en el cercano parque playero p√ļblico tambi√©n resultaron afectadas y siguen cerradas. La cancha de baloncesto de Punta Santiago, que perdi√≥ el techo, casi no se usa.
Y aunque algunos vecinos han recibido asistencia significativa de la FEMA, dijo Fontánez López, no cubren el costo de la reparación de los techos, una necesidad crítica. Pero a pesar de la difícil situación en Punta Santiago, estarían mucho peor sin la avalancha de asistencia privada, afirmó.
PECES, una sigla vinculada con las raíces pesqueras de la comunidad, donó $2 millones en materiales de construcción, como puertas y ventanas de aluminio resistentes, así como fondos para ayudar a los damnificados a reparar sus casas y negocios, incluidos los chinchorros, algunos de los cuales han reabierto. Buena parte de las reparaciones han sido realizadas por voluntarios, en particular grupos de ex militares de la isla y del territorio continental, dijo.
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Antonio “Tony” Torres Torres, presidente de la asociaci√≥n de pescadores de Punta Santiago, supervisa el caf√© y mercado del grupo frente al mar. El grupo necesita 21 motores para poder reanudar el trabajo en sus embarcaciones.
MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com 
Entre las personas a quien PECES ha ayudado: Cheg√ľi, due√Īo del Amarillo. El grupo le dio el fog√≥n que est√° usando ahora, despu√©s de que le negaron un pr√©stamos a bajo inter√©s para peque√Īos negocios porque no pod√≠a demostrar que ten√≠a la capacidad de pagarlo. Todav√≠a debe dinero de un pr√©stamos privado que tom√≥ para comprar un congelador para el quiosco.
Para seguir trabajando, compr√≥ con cr√©dito en una tienda local un congelador, que mantiene en su casa. Tambi√©n tuvo que hacer malabares para seguir viviendo en su casa. √Čl y su pareja recibieron solamente $1,000 de la FEMA para cubrir el costo de las pertenencias perdidas, como toda su ropa, muebles y electrodom√©sticos. La mujer consigui√≥ un pr√©stamo a bajo inter√©s del gobierno para reemplazar los electrodom√©sticos, dijo Cheg√ľi, pero √©l mismo tuvo que hacer los trabajos de carpinter√≠a y pagar los materiales para reparar los da√Īos estructurales a la vivienda.
Pero el quiosco no tiene remedio. Alquilaba la estructura a sus due√Īos, pero no pudo reconstruirla porque est√° en una playa p√ļblica, dijo Cheg√ľi.
PECES también está instalando paneles solares en 25 viviendas de personas con necesidades médicas que necesitan respiradores u otros equipos las 24 horas del día.

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Hartos de los apagones, algunos puertorrique√Īos buscan alivio en la energ√≠a solar
Pero al grupo se le están acabando el dinero y los materiales, dijo Fontánez López.
En la modesta sede frente al mar de la asociación, cuadrillas de la FEMA pintaron un merendero, estructuras de almacenamiento y un mercado de pescado, pero no mucho más, se quejó Torres Torres. Los $14,000 para reemplazar el techo de la terraza del merendero llegaron de donaciones locales, al tiempo que los miembros de la asociación lograron reparar y reabrir el merendero y el mercado sin ayuda del gobierno, dijo.
Durante varios meses despu√©s del paso de Mar√≠a, el fabricante de acumuladores Interstate Battery don√≥ generadores y alimentos para 1,000 personas, y entonces empez√≥ a hacer entregas regulares de agua, y ha mantenido calladamente su apoyo, dijo Font√°nez L√≥pez. Una compa√Ī√≠a local don√≥ a los vecinos cientos de colchones, afirm√≥ Torres Torres. 
En las calles de la localidad, llenas de casas de bloques, hay numerosas viviendas sin reparar llenas de escombros. Algunas fueron abandonadas sencillamente porque muchos se marcharon despu√©s de la tormenta, dicen los vecinos. Aunque el servicio el√©ctrico en Punta Santiago se restaur√≥ a los siete meses, el alumbrado p√ļblico sigue sin funcionar, as√≠ que en las noches sin luna las v√≠as quedan totalmente a oscuras. Cuando cae la oscuridad sale a relucir la depresi√≥n que ha afectado a tantos desde el paso de Mar√≠a.
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Jos√© Luis Aponte Cruz, de 52 a√Īos, se enjuga las l√°grimas mientras camina por entre las ruinas de su Kiosko El Amarillo en Punta Santiago, comunidad de Humacao, Puerto Rico. El negocio qued√≥ destruido el a√Īo pasado con el paso del hurac√°n Mar√≠a.
MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com 
“Aqu√≠ esto es boca de lobos”, dijo Vel√°zquez, la mujer de Punta Santiago que vive con su mam√° ciega. Para aliviar la situaci√≥n, la mujer instal√≥ luces solares activadas por el movimiento en la fachada de la casa.
“Aqu√≠ todo el mundo ha sufrido”, dijo con los ojos aguados Torres Torres, el presidente de la asociaci√≥n de pescadores. “Llega la tarde, como no hay focos, y cae uno en lo mismo”.
Mar√≠a lo cambi√≥ todo, hasta el lecho marino. Los arrecifes de coral y las zonas de hierba marina donde los pescadores capturaban pargos, caracoles y langostas quedaron cubiertos por la arena y el lodo, y en algunos lugares por efectos electrodom√©sticos y escombros arrastrados por el agua de la marea de tormenta, dijo Torres Torres. Eso significa que los √ļnicos miembros de la asociaci√≥n que salen a pescar estos d√≠as, tres buzos, deben ir m√°s lejos y bajar a mayor profundidad, desprotegidos en aguas peligrosas, e incluso as√≠ no pescan mucho, explic√≥.
Para compensar, Torres Torres, ex pescador a tiempo parcial y empleado retirado del gobierno, trabaja por las noches de guardia de seguridad. Gastó $4,900 en combustible para un generador que tuvo funcionando en su casa los ocho meses que la familia estuvo sin electricidad, lo que acabó con sus ahorros. Torres Torres se ve visiblemente afectado cuando recuerda que su hija adolescente casi se ahoga cuando la marea de la tormenta María llegó a la casa, y se pregunta cómo ha podido soportar todo esto.
“Ha sido duro perderlo todo. Ha sido traum√°tico esto. Esto fue bien doloroso. Esto da√Ī√≥ familias, se separaron familias. A uno se le salen las l√°grimas. Esto le cambi√≥ la vida a Puerto Rico. Pero tenemos la fe de que aunque va a tardar, especialmente la econom√≠a, pero vamos pa’delante”, dijo.
“Pero d√©jame decirte, Puerto Rico merece un premio. Nosotros los que nos quedamos aqu√≠ merecemos un premio bien grande”.


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