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10/05/2018

Resuelven el misterio del cuerpo momificado enterrado bajo un edificio de Nueva York




Cuando los equipos de construcción descubrieron el cuerpo momificado de una mujer enterrada bajo la ciudad de Nueva York en el año 2011, no tenían ni idea de que habían dado con un hallazgo histórico. Siete años después, su identidad se ha revelado.
Cuando los equipos de construcción descubrieron el cuerpo momificado de una mujer enterrada bajo la ciudad de Nueva York en el año 2011, no tenían ni idea de que habían dado con un hallazgo histórico. Siete años después, su identidad se ha revelado. Ocurrió el 4 de octubre de 2011, cuando los trabajadores de la construcción se encontraban excavando un pozo en Elmhurst, Queens, y golpearon algo inusual. Asumieron que seguramente habían golpeado una tubería, pero un vistazo posterior reveló que en realidad habían golpeado una especie de ataúd de hierro que contenía el cuerpo en descomposición de una joven mujer afroamericana. El cuerpo estaba tan bien conservado que la policía inicialmente creyó que pertenecía a una víctima de un homicidio reciente. Sin embargo, una vez que los investigadores examinaron el cuerpo, descubrieron que había mucho más en la mujer de lo que aparentemente vieron por primera vez. Llamaron a Scott Warnasch, entonces arqueólogo forense, para investigar la escena y recuperar el cuerpo. Warnasch inspeccionó la zona del cuerpo y notó fragmentos de hierro esparcidos alrededor. Entonces supo de inmediato que provenían de un ataúd de hierro. Según el investigador: He estado obsesionado con estos ataúdes de hierro desde 2005, cuando se encontraron dos bajo el Prudential Center en Newark. Le dije al equipo: ‘Esto es histórico, esto no es una escena del crimen. Parecía que había estado muerta durante una semana, pero eran 160 años. Resultó que la mujer tenía en realidad más de un siglo y medio y simplemente se veía mucho más joven porque había estado sellada en uno de estos ataúdes de hierro herméticos desde su entierro a mediados del siglo XIX. A la mujer la encontraron con un vestido blanco, un gorro de punto y calcetines hasta la rodilla. Los investigadores también notaron algo particularmente interesante en el pecho: lesiones de la viruela. Después de una examen por parte del CDC para asegurarse de que el virus ya no estaba activo, el trabajo sobre el cadáver se inició y el cuerpo increíblemente bien conservado se convirtió en una mina de oro de información para los investigadores. Según explican en Live Science, el equipo utilizó imágenes por resonancia magnética y tomografías computarizadas para crear un perfil de la mujer. Descubrieron que tenía alrededor de 25 a 30 años cuando murió. El ataúd hermético preservó su piel y concluyeron que las lesiones de la viruela que cubrían su cuerpo significaban que murió de dicha enfermedad. Esto probablemente explica por qué fue enterrada en ese tipo de ataúd. Estos ataúdes se produjeron durante un pequeño período de tiempo en el siglo XIX, muy populares entre las elites políticas de la época. No sólo eso, posiblemente también se utilizaron para enterrar a aquellos que murieron de enfermedades contagiosas, sellando la infección dentro del ataúd hermético para evitar una mayor propagación. Juntando toda la información se concluyó que los restos pertenecían a una mujer afroamericana de 26 años llamada Martha Peterson. De hecho, el área donde se encontraron los restos de Peterson fue un cementerio afroamericano cercano a una iglesia fundada por la primera generación de afroamericanos emancipados de la región.
Ocurrió el 4 de octubre de 2011, cuando los trabajadores de la construcción se encontraban excavando un pozo en Elmhurst, Queens, y golpearon algo inusual. Asumieron que seguramente habían golpeado una tubería, pero un vistazo posterior reveló que en realidad habían golpeado una especie de ataúd de hierro que contenía el cuerpo en descomposición de una joven mujer afroamericana.
El cuerpo estaba tan bien conservado que la policía inicialmente creyó que pertenecía a una víctima de un homicidio reciente. Sin embargo, una vez que los investigadores examinaron el cuerpo, descubrieron que había mucho más en la mujer de lo que aparentemente vieron por primera vez.
Llamaron a Scott Warnasch, entonces arqueólogo forense, para investigar la escena y recuperar el cuerpo. Warnasch inspeccionó la zona del cuerpo y notó fragmentos de hierro esparcidos alrededor. Entonces supo de inmediato que provenían de un ataúd de hierro. Según el investigador:
He estado obsesionado con estos ataúdes de hierro desde 2005, cuando se encontraron dos bajo el Prudential Center en Newark. Le dije al equipo: ‘Esto es histórico, esto no es una escena del crimen. Parecía que había estado muerta durante una semana, pero eran 160 años.
Resultó que la mujer tenía en realidad más de un siglo y medio y simplemente se veía mucho más joven porque había estado sellada en uno de estos ataúdes de hierro herméticos desde su entierro a mediados del siglo XIX.
A la mujer la encontraron con un vestido blanco, un gorro de punto y calcetines hasta la rodilla. Los investigadores también notaron algo particularmente interesante en el pecho: lesiones de la viruela.
Después de una examen por parte del CDC para asegurarse de que el virus ya no estaba activo, el trabajo sobre el cadáver se inició y el cuerpo increíblemente bien conservado se convirtió en una mina de oro de información para los investigadores.
Según explican en Live Science, el equipo utilizó imágenes por resonancia magnética y tomografías computarizadas para crear un perfil de la mujer. Descubrieron que tenía alrededor de 25 a 30 años cuando murió.
El ataúd hermético preservó su piel y concluyeron que las lesiones de la viruela que cubrían su cuerpo significaban que murió de dicha enfermedad. Esto probablemente explica por qué fue enterrada en ese tipo de ataúd.
Estos ataúdes se produjeron durante un pequeño período de tiempo en el siglo XIX, muy populares entre las elites políticas de la época. No sólo eso, posiblemente también se utilizaron para enterrar a aquellos que murieron de enfermedades contagiosas, sellando la infección dentro del ataúd hermético para evitar una mayor propagación.
Juntando toda la información se concluyó que los restos pertenecían a una mujer afroamericana de 26 años llamada Martha Peterson. De hecho, el área donde se encontraron los restos de Peterson fue un cementerio afroamericano cercano a una iglesia fundada por la primera generación de afroamericanos emancipados de la región.